Aguante mi viejo


Está claro que tengo que subir más fotos viejas de mi familia.

“Facebook es una mierda”. Mi viejo se pronunció en contra del despliegue online de la intimidad hace ya bastante tiempo. Por eso siempre me costó más hablar de él que de mi madre, que hoy en día tiene una majestuosísima granja cibernética. Espero, entonces, que no se caliente por esto que escribo a continuación.

Mi viejo me puso la camiseta de River ni bien nací. También me dejó afuera de casa cuando tenía como 4 años, porque le dije que ya no era más de River sino de San Lorenzo (el vecino me dijo que se lo dijera). Me dejó entrar ante los reclamos de mi mamá al escucharme llorar a grito pelado y golpear la puerta desesperadamente rogando que me abrieran. Eso sí: no fui readmitido al hogar sin antes ser obligado a reafirmar que era de River y que nunca más volvería a decir una cosa similar. Hoy, mirando al Club Patético River Plate irse a la promoción al perder contra Lanús, le dije a mi viejo: “River se va a la B”. Me mandó a la concha de mi madre.

Mi viejo fue el que me puso Manuel Juan, cuando en el registro civil le dijeron que una ley prohibía que yo llevase el mismo primer nombre que mi hermano mayor. Yo me iba a llamar Juan Manuel pero me terminé llamando —me terminaron llamando— Manuel Juan gracias a esa ley imbécil, sí, pero también gracias a la testarudez de mi padre, que insistió con que no habría ningún problema en el registro civil a pesar de las advertencias de mi madre, que estudiaba leyes y le había anticipado el contratiempo desde el hospital. Mi viejo terminó diciéndoles a los del registro que “ma sí”, que me anoten como Manuel Juan si total para él yo siempre iba a ser Juan Manuel. Como símbolo histórico de esta historieta ridícula quedó mi partida de nacimiento, que dice JUAN MANUEL RÓTULO con el JUAN tachado y con un “Juan” chiquitito escrito por arriba entre el MANUEL y el RÓTULO, como si se tratara del cuaderno de segundo grado de una nenita, y no del documento legal que se supone que es.

En Berlín. Si te cuento de qué nos veníamos riendo acá, mi papá me prende fuego el blog.

Sepan que viví los primeros años de mi vida convencido de que me llamaba Juan Manuel, hasta que una mañana sabatina o dominguera de mi infancia (tendría, no sé, 5 o 6 años), junto con el Nesquik y las tostadas con dulce de leche me desayuné que legalmente mi nombre estaba al revés. Me puso re mal enterarme de eso. Estaba en pleno intercambio de insultos infantilísimos durante una pelea verbal con mi hermano. “Vos sos esto”. “Y vos sos lo otro”. “Y vos tal cosa”. “Y vos tal otra”. “Y vos te llamás Manuel Juan”. “… ¿eh?”. “Sí, vos te llamás Manuel Juan, jaja”. “Cómo que me llamo Manuel Juan; no, me llamo Juan Manuel… mamá…”. “No, hijo, te llamás Manuel Juan, porque cuando naciste bla bla bla”. “No, bueno, ¡y vos te llamás Pablo Juan!”. “No, yo me llamo Juan Pablo”. “¡NO! ¡Te llamás Pablo Juan! Mamá…”. “No, Juanma, él sí se llama Juan Pablo”. La concha de la lora, loco.

Mi viejo me enseñó a hacerme el nudo de la corbata. También quiso enseñarme a vestir bien y fracasó estrepitosamente en el intento. Puedo valorar la palabra de un tipo que pasó 40 años yendo de traje y corbata al trabajo, pero, a la vez… eso: que pasó 40 años trajeado. Pobre, vi tantas veces esa cara de frustración al verme vestido para salir a algún lado; esa expresión de “quién mierda le enseñó a vestirse así a este chico, porque yo no fui”. Una cara casi igual a la de un padre que ve que su hija adolescente se viste como una zorra para ir a bailar. Algo así. Bueno, sin ir más lejos hace unos tres años casi le salta la térmica cuando vio lo que me iba a poner para ir al 15 de mi prima (jean negro en vez de pan-ta-lón-de-tra-je-ca-ra-jo). Siempre me frustró no poder ganarme la aprobación de mi viejo en el tema vestuario, más que nada porque yo cometía la torpeza de pensar que estaba equivocado en mis elecciones. Por suerte crecimos los dos, y yo ahora me visto un poco menos mal y él jode bastante menos.

Mi viejo se volvió un fanático de la cocina en los últimos años, para beneficio de mi mamá, primero, que se hartó de cocinar y se le nota (ver el freezer de casa); y de todos los que nos comemos lo que cocina. Se le llena la cara de felicidad viendo cómo te devorás lo que preparó. Casi que lo disfruta más él que vos.

Mi viejo cuenta chistes pésimos, muy pero muy malos. Son un cago de risa.

Una amiga notó hace poco que mi viejo me llama “hijo”. Me lo había escrito en un mail y me lo dijo en un voicemail. “¿Tu viejo te llama ‘hijo’? Es un capo”. No sé qué onda, pero parece que es tierno eso, o algo así.

Pido perdón por ser tan lindo.

Mi viejo fue el primero de la familia en enterarse cuando probé el porro por primera vezi. “Che, no sabés, el otro día probé el porro”. Se lo conté a él primero para que después se lo comunicara a mi mamá, que seguramente se iba a horrorizar bastante. No fue con ánimos de confesarle nada, en realidad nada más quería verle la cara cuando se lo contara (tenía 28 años, ¿qué carajo me iba a decir?), sólo que para mí estuvo bueno no sentir ningún reparo ni miedo al hablarle a mi señor padre acerca de mi incursión en el mundo de las drogas (que empezó y terminó ahí, por cierto. Soy un aburrido). Para él también debe haber estado bueno.

Si algún día lo conocés, decile que te cuente de la vez (o veces) que se quedó sin frenos en su Citroen pedorro manejando por Buenos Aires y cómo hizo para detenerlo. O pedile que te cuente alguna de sus historias del colegio secundario, principalmente la de la vez que le pegaron un mazazo a un inodoro en el que después se sentó una inocente profesora para experimentar cómo el asiento sanitario se desintegraba bajo sus glúteos; o el episodio en el cual empujaron a un compañero dentro de un aula a la cual le habían quitado el piso por refacciones, y cómo el joven terminó cayendo encima de la bibliotecaria, un piso más abajo.

Mi viejo es mi mejor amigo. Me da tranquilidad. Mi viejo me hace feliz. Y a veces me pregunto si lo sabe.

Feliz día, pa. No te lo digo nunca pero te re quiero.

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9 comentarios sobre “Aguante mi viejo

  1. Yo recuerdo alguna vez haberlo escuchado, casi suplicarnos que “vistiéramos de manera honesta”. jajaja. nunca lo olvidé.

    Dale un abrazo grande de mi parte, el tiempo que lo conocí me quedó claro que es un gran sujeto.

    Un abrazo Manuel, me entero apenas que llevo años equivocado en cuanto a tu nombre…

  2. Jajajajaja…. ahora entiendo por que tu jovie me miraba como pensando ( este espantapajaros de donde salio? ), muy bien escrito bala.. un saludo , te rompo el tujes cuando llegues a NYC

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